LOS JARDINES DEL INN

Crear un oasis requiere deseo de simplicidad, un poco de experimentación y ajustes constantes, además de paciencia.

Hay gente que van a The Inn at Manzanillo Bay por la hamburguesa Wagyu, otros por los cocteles y la vista al atardecer, o para ver a los surfistas tomar olas sobre las rocas. Hay tanto en qué perderse que es fácil pasar por alto el jardín en el que te encuentras; no grita, no brilla ni destaca, es un telón de fondo que apenas se nota. Pero luego está el césped. Eso es algo verdaderamente fuera de lo común. Llama la atención porque el césped es una rareza aquí. Sin embargo, estar sobre la bahía de Manzanillo —y ver el Pacífico y la costa extenderse cuarenta o cincuenta millas hacia el norte— hace que el césped parezca insignificante. Se integra porque hay mucho más allá de él. En cierto modo, todo el jardín es así. Se hace notar precisamente porque no distrae. Espera a ser descubierto.

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September 21, 2026
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El jardín y la alberca de The Inn, desde arriba. Foto de Jonathan Nimerfroh, cortesía de The Inn at Manzanillo Bay

Siempre he pensado en The Inn at Manzanillo Bay como "el club campestre". Es a donde íbamos a cenar la última noche de vacaciones para disfrutar de un último atardecer y una comida en un lugar donde queríamos vestirnos bien. Una semana de surf y polvo te deja así. Nunca me he hospedado en The Inn, pero tiene un legado de casi 25 años, convirtiéndose en el pináculo de la hospitalidad en Troncones a principios de los 2000. Y aún lo es. Incluso tiene su propia marca de tequila de primera, pero esa es historia para otro día.

Siempre me han impresionado sus jardines. Los agaves puntiagudos en el camino, las palmas areca y Bismarck a lo largo de la entrada —que, a la derecha, tiene un gran ficus con sus raíces envolviendo una enorme roca— y las macetas y plantas de la entrada del hotel. Todas son formas de decir "hola" con una presencia sutil, que te indican que estás entrando en un lugar diferente.

Desde la entrada: el ficus sobre la roca. Foto de La Onda Troncones

La propiedad ha sido parte de la familia Bensal desde que Michael Bensal, Sr. compró un grupo de bungalows conocidos como Las Chosas en 2001. Hoy, Michael Bensal, Jr. —Mike— funge como copropietario y gerente general de The Inn. Se ha convertido en el guardián residente de las plantas, el maestro del césped. Cuenta con un equipo de tiempo completo que lo ayuda a mantener los jardines, una tarea nada sencilla en un entorno hostil propenso a brisas salinas, siete meses de sequía absoluta y cinco meses de lluvias impredecibles. Y luego está el sol y la humedad con los que también hay que lidiar.

Mike recuerda: "Las Chosas tenía el mismo número de habitaciones que tenemos ahora. Mi padre compró la estructura de la propiedad y remodeló los interiores. Los jardines eran mayormente de hibiscos y arecas, y solíamos tener otro tipo de pasto, no tan exigente en mantenimiento como el que tenemos ahora. Era espinoso, no era fácil caminar sobre él".

El césped, la terraza y la vista, a mediodía. Foto de La Onda Troncones

Mike dice que el actual césped de pasto inglés es el elemento del jardín que requiere más cuidado y consume más recursos. "No podemos pasar más de 12 días sin cortarlo. Si lo dejamos más tiempo, se vuelve irregular", explica Mike, y añade: "También necesita un fertilizante a base de nitrógeno y mucha agua. Tenemos que pedir dos o tres pipas al mes [camiones cisterna de 10,000 litros] en la temporada de secas solo para mantenerlo. Es también cuando llegan los armadillos a excavar. Vienen, principalmente en abril y mayo, antes de las lluvias, porque es donde encuentran humedad y lombrices".

Aunque el césped es lo que más atención requiere para Mike y su equipo, gran parte del resto del jardín ha crecido basándose en lo que ya prosperaba, y en el método de prueba y error. "Muchas de nuestras arecas e hibiscos son los originales que estaban aquí. Esos sirven como estructura para el jardín actual. Con el tiempo, hemos probado diferentes plantas como puntos de acento y bordes. No todo crece solo porque lo plantes. Tienes que ser cuidadoso para encontrar plantas que resistan la salinidad, el viento y el sol".

Últimamente, Mike ha añadido plumerias, colombos [orejas de elefante] y agaves, además de una mezcla de cubresuelos que incluye maguey morado [tradescantia] y purpurina [amor de hombre, a veces llamado barquitos]. Cada una de estas plantas se propaga fácilmente y le da al equipo de jardinería de The Inn “bebés” que pueden trasplantarse a diferentes áreas.

Un sendero hacia una de las habitaciones. Foto de La Onda Troncones

Mike explica: “Traje las plumerias, que son una planta hawaiana, para crear un ambiente más tropical. Están en la entrada de cada habitación, aunque solo florecen por completo en abril. Tienen la flor más hermosa, y tanto ellas como los agaves no necesitan mucha agua. Además, los agaves producen brotes que he estado colocando a lo largo del frente y del camino de entrada. Esa área se ha convertido en una especie de vivero para el agave y otras plantas, y es donde regamos con nuestras aguas grises, el agua que proviene de los lavabos y duchas de The Inn. Eso ayuda a reducir la necesidad de agua del río”.

Cambiar al agua proporcionada por el ejido de Lagunillas, dejando el sistema de Troncones, ha sido de gran beneficio para el mantenimiento de los jardines, así como de la otra infraestructura de The Inn. La nueva agua no tiene los minerales que traía la anterior, y tanto las plantas como los grifos parecen estar prosperando, viéndose mejor y funcionando por más tiempo, según Mike. Pero señala que la clave del jardín no es el riego, sino usar plantas que puedan prescindir de él y que soporten la salinidad.

El césped, la terraza y la vista, al atardecer. Foto de La Onda Troncones

Mike recuerda: “Teníamos plantas donde usábamos agua para lavar la sal, así que no solo regábamos las raíces, teníamos que bañar las hojas. Ese no es un buen uso de lo que tenemos. Eso consume el suministro de agua y toma mucho tiempo. Ahora, usamos carissa [ciruelo de Natal] a lo largo del océano. Sirve como una cerca natural porque tiene espinas. También nos da una flor blanca y es resistente al calor y a la sequía. Pero las cosas nunca son perfectas, ya sabes. A las lagartijas les gusta vivir en la carissa, especialmente en esta época del año. Salen y se comen nuestros hibiscos”.

Un poco de esto. Un poco de aquello. Prueba esto. Prueba aquello. Mientras Mike habla sobre los jardines de The Inn, queda claro que su cuidado es un proceso constante de ajuste a las condiciones y una disposición a experimentar. Y que requiere mucha mano de obra, incluso más allá de lo que su propio personal puede hacer. Describe cómo recurre a viveros locales y expertos de la zona para que ayuden de vez en cuando: para eliminar plantas invasoras, sustentar las plantas existentes y mantener las palmeras de coco de The Inn. Todo eso, mientras se tiene en cuenta el comportamiento de las lagartijas y los armadillos.

Y “el trabajo” nunca termina. Una nueva planta con la que Mike está experimentando es el maracuyá [fruta de la pasión], una enredadera que tiene creciendo en una cerca cerca del área de estacionamiento de The Inn. Feliz de ver que comienza a trepar, Mike reconoce otra faceta del jardín: la paciencia, diciendo con nostalgia: “Podría tomar dos años”.

La entrada de The Inn. Foto de La Onda Troncones
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