Isabel Velasco: La Mexicana

En el corazón de Troncones hay una mujer con ideas y la determinación para hacer que las cosas sucedan

No sabía mucho de Isabel cuando nos sentamos a platicar, aparte de que es dueña de La Mexicana, un restaurante muy popular en la carretera de la playa en Troncones; que ayudó a iniciar Surfers for Strays y que forma parte del equipo que encabeza el desfile de Halloween que abre el Festival de la Catrina de Troncones. Eso fue todo. Y que su restaurante alguna vez tuvo un pavo de mascota paseándose por el comedor. Tal vez verla ofrecerse como voluntaria para ayudar con el desfile debió decirme algo sobre su compromiso con Troncones. Tal vez que acomodara nuestra entrevista según la escuela de su hijo y sus actividades debió decirme algo sobre sus prioridades. Pero lo que más me impresionó cuando nos vimos fue su honestidad. Ha pasado por cosas de las que a nadie le gusta hablar. Conoce a Isabel Velasco.

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October 18, 2026
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Isabel Velasco cargando dos perritos en La Mexicana

LOT: ¿Cuál es tu nombre completo?

Isabel: María Isabel Velasco López.

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LOT: ¿Dónde creciste?

Isabel: En Troncones.

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LOT: ¿De dónde es tu familia?

Isabel: Mi familia es de la sierra de Guerrero. Mi mamá viene de un pueblo que se llama Las Lagunas, allá en la sierra, dos horas de San Luis de la Loma [una ciudad a medio camino entre Zihuatanejo y Acapulco].

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LOT: ¿Eres pariente de Sandy López? [una mamá de Troncones, jugadora de voleibol, emprendedora y casera de La Onda]

Isabel: Sí, su papá y mi mamá son hermanos. Sandy es mi prima.

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LOT: ¿Qué trajo a tu mamá aquí?

Isabel: Lo mismo que a mi tío y a mucha gente de Troncones: el gobierno de Guerrero los reubicó aquí, desde un pueblo cerca de Salitreras. Los trasladaron a Troncones, como si les hubieran regalado el paraíso, ¿no? Esa es la historia que mi mamá siempre me cuenta: cómo vivían debajo de los árboles, sin comida, sin agua. Me contó muchas anécdotas que ahora vemos como “chistosas”, como cuando intentó cocinar frijoles con agua de mar porque no tenían agua. Tenían que experimentar. Los frijoles nunca se cocieron. Las familias que trasladaron aquí eran muy pobres, sin mucha educación, y tenían los problemas que vienen con mudarse a un lugar nuevo sin tener lo que necesitas, como trabajo, servicios de salud, educación y transporte.

Isabel sonriendo en una mesa con su laptop en el comedor al aire libre de La Mexicana
Isabel hoy en La Mexicana. Cortesía de Isabel Velasco

LOT: ¿Cómo fue para ti crecer aquí de niña?

Isabel: La verdad, no recuerdo mucho de mi infancia. Recuerdo ser muy pobre, estar descuidada. Mi mamá tuvo ocho hijos, además tenía que ayudar a cuidar a los otros niños de la familia, y luego a mi abuela cuando se enfermó. Fue difícil. Había mucho drama.

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LOT: ¿Qué te gustaba hacer de niña?

Isabel: Recuerdo subirme a los árboles. Teníamos muchos ciruelos. Estaban por todo Troncones: árboles bajitos, grises, con ramas gruesas. Recuerdo trepar esos árboles y jugar con mis amigas y nuestras muñecas, vestirlas y todo eso.

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LOT: ¿Qué no te gustaba? ¿Qué se te hacía difícil?

Isabel: La educación. Era muy difícil estudiar. No fui al kínder porque no había kínder. Cuando yo era niña solo teníamos primaria, y yo quería estudiar más. Quería hacer más cosas. Y cuando tenía como 15 años, la edad para ir a la preparatoria, mi mamá no tenía dinero y nuestro papá no estaba presente para nada. Todo eso fue muy duro. Todo eso no me gustaba. Yo quería una buena educación, tal vez ser abogada, ¿sabes? Estudiar y ser algo así.

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LOT: ¿Cómo aprendiste inglés?

Isabel: Cuando tenía 15 años me fui a Minnesota y viví allá casi dos años; fui a la preparatoria en un pueblo que se llama Golden Valley, en la zona de Minneapolis.

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LOT: ¿Cómo llegaste a Golden Valley?

Isabel: Mi familia vive allá. Tengo cuatro hermanas y dos hermanos que viven allá. Y muchos primos, y muchos sobrinos y sobrinas. Mi hermano se fue a Estados Unidos hace casi 35 años. Tenía 18 y se fue buscando oportunidades de trabajo. Troncones era muy pobre entonces. Aquí no había nada para él. Cuando yo tenía como 13 o 14, tampoco había oportunidades para mí, había muchos problemas en la familia, y yo también era súper rebelde. Le dije a mi mamá: “No quiero vivir aquí contigo. Quiero irme a vivir con mi hermano”. Más o menos al mismo tiempo, mi tía vino a Troncones. Ella se había ido a Minnesota sin papeles, pero venía cada cinco años a ver a su mamá y luego regresaba otra vez sin papeles. Mi mamá me dejó irme con ella. Mi hermano le pagó a un coyote para que yo cruzara la frontera sin papeles con mi tía.

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LOT: ¡Guau! ¿Cómo fue eso?

Isabel: Éramos un grupo de como 25 personas. Nos dijeron que lleváramos una mochilita, una chamarra, algo de agua, una bolsa de plástico y algunas botanas. Recuerdo cruzar un cerro, caminando y escondiéndonos y corriendo, toda la noche. Luego, como a las 6 de la mañana, cuando apenas había un poquito de luz, alguien dijo: “¡Corran, corran, corran! Ahí viene la migra”. Así que todos empezamos a correr. Yo no estoy cuidando a mi tía. Y mi tía no me está cuidando a mí. Era sobrevivir. Solo corres y te escondes.

Recuerdo esconderme en unos arbustos así de altos [a la altura del hombro], y oía las voces de los agentes de migración diciéndole a la gente: “¡Siéntense! ¡Siéntense! ¡Sobre las dos nalgas!”. Yo ni siquiera estaba sentada. Estaba más bien con la cabeza abajo, el trasero levantado y los ojos cerrados, rezando y rezando y rezando. Y luego ya no oí nada: ni voces, ni gente. Y entonces oí a mi tía gritando mi nombre: “¡Isabel!”. Abrí los ojos y me levanté. Éramos yo, mi tía y un señor mayor, de unos 70 años, que era de Honduras o algo así. Éramos las únicas tres personas en el desierto.

El señor dijo que no sabía cómo seguir para llegar a Estados Unidos, pero que sí sabía el camino de regreso. En ese momento ya habíamos perdido todo. Mi tía y yo no teníamos agua. No teníamos comida. No teníamos nada. Seguimos a este señor y encontramos unos tanques blancos grandes con agua que podíamos tomar. Al final encontramos una carretera y esperamos. Cuando pasó un taxi, le pedimos al chofer que nos llevara y regresamos al hotel donde nos estábamos quedando. Seguíamos del lado de México.

Comedor de La Mexicana al atardecer con manteles rojos y sillas de madera
El comedor de La Mexicana. Cortesía de Isabel Velasco

LOT: ¿Cómo cruzaste?

Isabel: Había un hombre grande, alto. Te subías en él, y del otro lado había alguien más, alguien súper fuerte y alto. Te subías al hombre, te subías al muro y luego te aventabas y alguien estaba ahí para cacharte. Estábamos en Arizona. Del otro lado era terreno plano, sin nada, todo abierto, sin árboles grandes ni nada. Y nos dieron instrucciones de ir a un supermercadito que se veía, como a medio kilómetro, y que alguien nos recogería ahí. Había un vigilante que dijo: “Si chiflo, corren. Si aplaudo, se esconden”.

Una señora en el estacionamiento nos vio y nos dijo: “Ahí está la migra. Regrésense a su país. Los van a agarrar”. Pero hicimos lo que nos habían dicho: entramos. Traíamos algunos dólares, así que dimos vueltas como si estuviéramos comprando, pero nadie llegaba. Empezamos a preocuparnos. Mi tía me dijo que le pidiera un celular a alguien para hacer una llamada. Así que le pregunté a un muchacho de unos treinta y tantos si podíamos usar su teléfono y él dijo: “¿Son ustedes?”. Era el que nos tenía que recoger.

Nos llevó a su camioneta, una Nissan azul nuevecita, y fuimos a un departamento donde había como diez personas más. No sé qué pasó ahí: hicieron unos papeles, nos escondieron en un carro y manejaron horas y horas. Y luego nos cambiaron a otro carro, una Trailblazer o algo así. Después de un rato nos llevaron a comer y nos dijeron que ya no teníamos que escondernos. Para entonces ya estábamos cerca de Los Ángeles. Nos llevaron a una oficina, nos tomaron fotos, nos dieron un número de Seguro Social, todo lo que necesitábamos para tomar nuestro vuelo, y volamos de Los Ángeles a Minneapolis. Nos dijeron: “Cuando lleguen a Minneapolis, salgan del aeropuerto lo más rápido que puedan”. Y eso hicimos.

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LOT: ¿Hablabas algo de inglés en ese momento?

Isabel: No.

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LOT: ¿Cómo le hiciste en la prepa?

Isabel: Tenían clases de ESL [inglés como segunda lengua]. Y siempre me ha encantado escuchar y aprender idiomas. Mi hermana está casada con un estadounidense, así que desde chiquita había oído un poco de inglés. Tenía como 12 años cuando llegó Debbie Meader. Empezó a construir su casa, Casa de la Sirena, y como que nos adoptó a mi hermano y a mí. Nos compraba regalos, nos ayudaba, y yo estaba muy contenta de que lo hiciera. También nos contrató a un maestro de inglés por unos seis meses. Eso me despertó la curiosidad y las ganas de aprender más.

Barra de La Mexicana pintada de turquesa con luces de colores y el nombre pintado en el mostrador
La barra de La Mexicana. Cortesía de Isabel Velasco

LOT: Después de la prepa, ¿fuiste a la universidad en Estados Unidos?

Isabel: Tenía 17, creo. Estaba triste. Estaba deprimida. Quería a mi mamá, la extrañaba. Les dije a todos, a mis hermanos, a mis hermanas, a mis primos: quiero regresar con mi mamá. Había estado yendo de la casa de una hermana a la de otra hermana, a la de un hermano. No era fácil ni bonito. No tenía esa conexión que hay entre una mamá y su hijo, como la que tengo yo con mi hijo, que me cuenta todo, que se enoja conmigo y yo sé que me quiere y yo lo quiero. No tenía eso con mis hermanos. Extrañaba a mi mamá. Sé que no era perfecta, pero es mi madre, ¿no? Simplemente regresé. Pero no podía sacar pasaporte, y no sé cómo pasó, pero me compraron un boleto de autobús y me fui en camión desde Minneapolis hasta Zihuatanejo.

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LOT: ¿No tenías pasaporte mexicano para cruzar la frontera?

Isabel: No tenía pasaporte. Lo único que tenía era mi acta de nacimiento. Recuerdo que iba a la mitad del camino, en una central de autobuses cerca de la frontera con México, y llega migración. Lo único que sabía decir era: “Voy de regreso a México. Soy mexicana”. Le enseñé al agente mi boleto y mi acta de nacimiento, y me dijo: “Okay”. Me dejó ir. No me detuvo. No sé cómo pude cruzar la frontera. Nadie me revisó. ¿Sabes? Ahora que repaso todas estas cosas digo: “Guau. ¿Cómo fue posible?”.

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LOT: ¿Cuándo empezó tu familia La Mexicana, o la empezaste tú?

Isabel: Yo empecé La Mexicana. Tenía 21 años. Como a los 18 empecé a trabajar con Ava [Robbins] en Eden, en su tienda de regalos. También estaba tomando clases de inglés y francés en Zihua, y estaba tratando de que mis papeles de la escuela coincidieran con mis otros documentos. Resultó que mi acta de nacimiento tenía el año equivocado. Corregirla me iba a costar una fortuna y mucho tiempo, y yo no tenía mucho dinero. Estaba trabajando y me di cuenta de que podía tener éxito sin ir a la universidad; eso es lo que me dije.

Empecé a trabajar aquí y allá. Trabajé en Ford en Zihua, vendiendo carros, un año, quizá dos. Luego encontré un mejor trabajo como concierge en Pacifica Resort Ixtapa. Me contrataron aunque apenas hablaba inglés, o era demasiado tímida para hablarlo. Cuando me entrevistaron, en inglés, no pude contestar la mayoría de las preguntas, pero sonreí y contesté en español. Trabajé ahí casi año y medio. Cuando llegó la temporada baja ese año, mi mamá estaba enferma y regresé a casa. Trabajé unos meses en Tronco Bay como gerente, atendiendo a los huéspedes y al personal del hotel.

Tenía como 20 años y de verdad quería hacer otra cosa. Mi mamá me dijo: “¿Por qué no abres un restaurante? No te puedo garantizar que te pueda ayudar siempre, pero cuando me sienta bien, te ayudo”. Mi mamá siempre había vendido comida a los trabajadores de la construcción en Troncones, desde probablemente 2010. Yo veía a mi mamá trabajando duro todo el tiempo, y siempre tenía uno o dos trabajadores que le ayudaban. Así empezó La Mexicana. Renuncié a mi trabajo en Tronco Bay y abrí el restaurante.

Fachada con techo de palapa de La Mexicana adornada con papel picado de colores
La Mexicana en sus primeros días. Cortesía de Isabel Velasco

LOT: ¿Cómo encontraste el lugar?

Isabel: Mi mamá compró el terreno hace muchísimos años. Creo que lo compró en como $40,000 pesos. Y también hace muchísimos años abrió ahí un restaurancito. Eso fue hace quizá 30 años. Se llamaba Esmeraldá: era un cuartito, con piso de cemento y un techito de plástico.

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LOT: ¿Y cuánto tiempo llevas con La Mexicana?

Isabel: Ahora tengo 36, así que como 15 años.

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LOT: ¿No había un pavo de mascota en La Mexicana, hace unos 13 años?

Isabel: Sí, era nuestro pavo. Estuvo con nosotros como siete años. Se llamaba Cunde. Lo trajimos de Oaxaca. Tenía una abuela de allá, y ella tenía pavos y los llamaba: “Cunde, cunde…”.

Un guajolote negro caminando por la arena frente a dos marimberos
Cunde, el pavo de La Mexicana, con un dúo de marimba. Cortesía de Isabel Velasco

LOT: ¿Qué experiencia querías crear en La Mexicana?

Isabel: Quería que fuera mexicana. No soy chef y empecé el restaurante cometiendo muchísimos errores. Pero sabía que quería que mi restaurante fuera un punto de reunión para todos, para mexicanos, para extranjeros. Quería ofrecer nuestra verdadera cocina mexicana, como la comida que comíamos de niños. Eso es lo que de verdad quería. Ahora me acabo de asociar con mi sobrino, Axee Nava, que es un chef increíble. Seguimos haciendo comida tradicional, pero con recetas nuevas, creando algo nuevo para el restaurante.

Familia y amigos en una mesa decorada con un grupo de mariachis vestidos de rosa y dorado
Una celebración con mariachis en La Mexicana. Cortesía de Isabel Velasco

LOT: La música es una parte importante del ambiente de La Mexicana. ¿Cómo surgió eso?

Isabel: Antes, en los años en que Troncones no era nada, Roberto’s Bistro era el único lugar con música en vivo. Pensé: bueno, tal vez la gente necesita algo de variedad aquí, y entonces invité a un trío que se llama Los Hijos de la Bohemia. Esa fue mi primera banda. Me encanta la música. Creo que es muy bonita, y el hecho de que puedas apoyar a la gente que la hace, que mi lugar pueda ser un lugar donde disfrutes la música y donde los músicos puedan ganar dinero… Vuelve a lo que quiero para La Mexicana: que siempre esté abierta para todo y para todos.

Tres músicos con guitarra y percusiones tocando de noche bajo un sarape
Música en vivo en La Mexicana. Cortesía de Isabel Velasco

LOT: ¿Cómo empezó Surfers for Strays?

Isabel: Siempre me han gustado los animales. Antes de ayudar a los animales callejeros, ayudaba a niños, porque creo que los niños merecen una vida mejor. Pero pasaron algunas cosas que me dejaron decepcionada, desilusionada; no por los niños, sino por los adultos. Así que dejé eso, pero todavía necesitaba hacer algo que hiciera una diferencia. Para entonces ya era muy buena amiga de Natalie Ritenour [ahora conocida como Thalia], y un día que estábamos en las aguas termales encontramos unos cachorritos. Natalie dijo: “Busquémosles un hogar”, y empezó a soñar en grande, en cómo conectaríamos a los animales callejeros con la gente que viene de visita. Yo le dije: “Hagámoslo realidad, sí podemos”. Y no necesitábamos mucho para lograrlo; empezamos poco a poco. Conseguimos que adoptaran a esos cachorritos. Llegaron más perros, y luego más gatos. Y llegó gente a hacer voluntariado, a cuidar a los animales, y llegó más gente a adoptar. Hasta tuvimos otros animales, como tlacuaches.

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LOT: ¿Cómo conectaron a los callejeros con los surfistas?

Isabel: Natalie es surfista, y es creativa y muy conectada. De ahí vino la gente, sobre todo de ella. Yo creé las estructuras: darles a los animales y a los voluntarios un lugar a dónde ir. Antes era mi casa. Ahora está en La Colonia Nueva [Nuevo Troncones]. Ahí viven los perros. Surfers for Strays lo dirige Sandrine Provencal. Tiene muchos voluntarios y hay muchísima gente en el pueblo que les da hogar temporal a los perros para que no vivan encerrados en algún tipo de corral. Los voluntarios de Surfers for Strays los sacan a pasear y les dan mucho cariño, pero no es lo mismo que cuando los tienes en tu casa. Ahí tienes tiempo para entrenarlos, darles cariño y prepararlos para una familia.

Isabel en cuclillas en un porche verde azulado rodeada de cuatro perros
Isabel con algunos amigos de cuatro patas. Cortesía de Isabel Velasco

LOT: ¿Qué papel tienes en el Festival de la Catrina?

Isabel: Estoy organizando los premios para los niños, con Winter Ramos y Alejandro Rodríguez. El festival es un evento de tres días que empieza en Halloween [31 de octubre] a las 5 pm, con los niños caminando y pidiendo calaverita desde Majahua hasta las letras de la playa en Troncones. Cuando los niños terminen de pedir calaverita, como a las 8 pm, les vamos a dar agua fresca, palomitas y van a romper una piñata.

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LOT: ¿Cómo surgió el Festival de la Catrina? ¿Cómo es que de repente la gente quiso hacerlo?

Isabel: Honestamente, le voy a dar el crédito a Chencho [Ausencio Solís Hernández]. Publicó unas imágenes hechas con IA de una Catrina junto a las letras de Troncones, y la gente dijo: “Órale, qué buena idea”. Los dueños de hoteles y restaurantes se juntaron y decidieron que sí podíamos hacerlo. Y aquí estamos, con el apoyo de Víctor Santana [director de turismo de La Unión]. Juan Pascal [de Mi Jardín] está haciendo un trabajo increíble coordinando todo y manteniendo la comunicación clara. Es toda la comunidad participando y es muy impresionante. He sido parte de otros grupos antes y nunca lograron algo así. Creo que esta vez sí lo podemos hacer realidad. ¿Sabes? No se trata de dinero. [Pausa.] Bueno, al final del día siempre se trata de dinero, ¿no? Pero de lo que realmente se trata es de crear una experiencia para la gente, para que venga a Troncones. Eso obviamente genera ingresos para todos, no solo para La Mexicana, no solo para Mi Jardín. Con este festival estamos ofreciendo algo para todos, para toda la comunidad, para nuestros visitantes, gratis.

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LOT: Bueno. Dos preguntas más. ¿Qué opinas del crecimiento de Troncones?

Isabel: Me da miedo lo que puede pasar si no hacemos algo ahora para prevenir lo que puede venir en el futuro. Aquí no necesitamos antros ni ese tipo de emoción, ni gente que venga a tratar de hacer dinero rápido, como en Cancún. A ese tipo de gente no le importa la comunidad. Las decisiones locales deben reflejar las prioridades locales, no solo metas económicas de fuera. Como comunidad tenemos que mantenernos firmes para no permitir eso. También necesitamos promovernos más como destino, compartir lo que ya tenemos todo el año, como la playa, el surf, las actividades en la naturaleza, las actividades de salud, el autocuidado, el yoga, el temazcal, la comida. Troncones lo tiene todo. Y no solo en invierno.

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LOT: ¿Qué es lo que más te gusta de Troncones ahora?

Isabel: Que seguimos unidos, de acuerdo, los locales y los extranjeros. Eso es algo realmente increíble que no ves en todos lados: hay una diversidad en nuestra unión que es especial. Además, me siento muy segura aquí. La Mexicana fue mi primer bebé, pero ahora tengo un hijo de cuatro años. Creo que Troncones es un lugar hermoso para criarlo. Por cómo trabajan juntos aquí los locales y los extranjeros, mi hijo no tiene que sufrir ni batallar tanto como nosotros, y como muchas otras familias. No quiero una vida de lujos. Quiero una vida sencilla, pero no quiero que él tenga que preocuparse por qué vamos a comer mañana, como nos pasaba a nosotros. Eso solo es posible por cómo trabaja unida esta comunidad, los que viven aquí y los que nos visitan.

También me gusta poder estar aquí para mi mamá. Creo que soy quien soy sobre todo gracias a ella. Gracias a sus consejos. Después de que se recuperó, cuando empezó a sentirse mejor, cumplió su promesa y me ayudó a sacar adelante La Mexicana, como por diez años. O sea, yo la manejaba, pero ella era la que siempre estaba en la cocina y en la caja, y al final de la temporada me daba mi parte. Y acabo de abrir un lugar nuevo: Fonda Doña Vicenta. Se llama así por mi mamá, y tenemos la misma comida que mi mamá vendía cuando tenía Esmeraldá. Este es mi tercer año manejando La Mexicana yo sola y ahora yo le doy su parte a mi mamá. Eso me gusta.

Isabel, embarazada, con una camiseta de Happy Mama en un restaurante
Isabel, esperando a su bebé. Cortesía de Isabel Velasco

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ENLACES

La Mexicana en Facebook: https://www.facebook.com/LaMexicanaTroncones/

La Mexicana en Instagram: https://www.instagram.com/lamexicana.tronconesmx

Axee Nava: https://www.laondatroncones.com/es-mx/eat/chef-profile-axee-nava

Sandy López: https://www.laondatroncones.com/es-mx/meet/sandy-lopez-ayala-proud-mama

Surfers for Strays: https://www.laondatroncones.com/es-mx/know/surfers-for-strays

Riviera Troncones Majahua Saladita (turismo): https://www.facebook.com/RivieraTronconesMajahuaSaladita