Ángel Dosal Amandi: Estoy Más Feliz Aquí
Cada historia tiene más de lo que parece, incluyendo el origen de Troncones
No existe una historia escrita de Troncones. No me propuse redactar una, pero cada vez que hablo con alguien sobre su vida aquí, aprendo algo nuevo. Aquí conocerás a Ángel Dosal, quien vive junto a la iglesia. Él ha estado aquí desde 1968. Todas mis entrevistas anteriores habían sido con residentes que llegaron en 1976, como parte de un proyecto de reubicación comunitaria impulsado por Rubén Figueroa, el gobernador de Guerrero; unas 60 personas fueron trasladadas a Troncones desde Infiernillo, cerca de La Salitrera. Después de esta entrevista, Ángel y yo hicimos un pequeño recorrido a los pozos originales de agua dulce de Troncones, ubicados cerca de la calle principal. Ahora están secos la mayor parte del año, a veces corriendo en la temporada de lluvias. Mientras subíamos, Ángel recordó cuando pescaba en la bahía de Manzanillo y solo tomaba un pez al día; que eso era todo lo que necesitabas. Sin electricidad. Sin refrigeración. Sin tomar más de lo que podías comer ese día. Esa es una historia que merece la pena recordar. La vida antes de "la invasión".

Una cosa más. Cuando Ángel describe una escena, él está ahí. No es como si hablara del pasado. Está ahí de la misma manera que un atleta describe un partido jugado hace mucho tiempo: está metido de lleno en el momento. Sus ojos se iluminan, su cara se relaja. Lo está viendo de nuevo, como si fuera la primera vez.
LOT: ¿Dónde nació usted?
Ángel: En México. En la capital. En la colonia Juan Escutia. La clínica donde nací ha desaparecido, pero ese era el lugar.
LOT: ¿Cuándo llegó a Troncones?
Ángel: Tenía cinco años. Recuerdo desde 1968. Todo era jungla [saludando hacia la Telesecundaria Nicolás Bravo]. Todo esto aquí. Podrías encontrar venados, iguanas. Iguanas bastante grandes. Y armadillos escarbando aquí y allá, cerca. Ahora ya están muy lejos.¿Sabes dónde vive Chico [señalando] por allí? Había un punto bajo, hasta la esquina, y cuando el mar se sube traía pescados allí. No había muchos pescados, pero unos seis o siete pescados y podías atrapar pescados allí. Podías encontrarlos y atraparlos bajo las raíces de los árboles. Y cuando el mar volvía a subir, a veces hacían el cambio y se regresaban al mar.
Aquí no había carretera. No había una entrada fácil, ni salida. Mi papá siempre traía motosierras en la camioneta. Y traía malacates porque se quedaba atascado. Para sacar la camioneta. Nunca fue solo a Zihuatanejo porque, si iba solo, ¿cómo iba a sacar la camioneta? Para llegar a Zihuatanejo, tenía que salir a las 6 de la mañana y comprar lo que necesitara lo más rápido posible para volver antes de la lluvia o antes de la noche. Llovió mucho más entonces. Como no había carretera, era fácil quedarse atascado. Tenía personas trabajando con él, así que dos personas siempre iban con él cuando iba a comprar cosas.
LOT: ¿De dónde viene el nombre de Troncones?
Ángel: Había un español, un médico, el Dr. Péteilh, era era el propietario de aquí. Él había cortado muchos árboles y sembró muchas palmeras, y venía aquí para cuidar sus huertas de cocos y todo eso. Este lugar no tenía nombre. Su familia le preguntaba: “¿A dónde vas?” Y él decía: “Voy a Los Troncos."
Prendió fuego a los troncos y solo se quemaron, no pudo quitárselas, así a los lados le sembró palmas. Un otro español compró el terreno al médico, y ese español y mi papá tuvieron la idea de llamarlo “Troncones” porque ya se llamaba así, por así decirlo. El segundo español la conocía como “Los Troncos”, pero quería que la palabra sonara mejor. Él y mi papá empezaron a platicar y ellos son los que decidieron que esto se llamara Troncones.

LOT: ¿Todavía había muchos árboles creciendo aquí cuando llegaron?
Ángel: Tantos. Había muchos cedros. Parece que los sembraron, pero nadie los sembró. Nacieron solos y eran grandes, de tres o cuatro personas. Mi papá nos decía, “Agárrense de la mano a ver cuántas vueltas le damos.” Éramos cinco personas. Decía que eran cinco brazadas. Algunos tenían seis personas de grosor. Un día, mi papá subió a un árbol y le hicimos fotos. Era un hombre grande, pero cuando le miraba desde abajo, parecía pequeño. Eran fotos en blanco y negro, de hace mucho tiempo. Ya no los tengo.
LOT: ¿Cuántos hermanos tiene?
Ángel: Ahora mismo somos cuatro. Raúl, Martín y una hermana que vive en otro lado. Hubo uno que murió en Texas.
LOT: ¿Cuántas personas vivían aquí cuando llegaron?
Ángel: Solo una familia que trabajaba para el Dr. Péteilh. Esa familia vivía allá donde ahora está la tienda de Gaby. El Dr. Péteilh vendió todas sus terrenos, pero seguía cosechando “sus” cocos, poniéndolos en bolsas y en grandes camiones. Nadie le dijo nada. Cosechaba la fruta, pero nadie le dijo nada porque nadie más se la llevaba.


LOT: Hoy en día, parece que no hay suficiente agua. ¿Había suficiente agua entonces?
Ángel: Sí. Al otro lado de la avenida está el arroyo donde encontramos agua para beber. Ahora mismo está seco allí, aunque a veces todavía corre. En ese tiempo, era rara la tarde que no lloviera al menos un poco, durante media hora, más o menos, aunque no fuera temporada de lluvias. Ese poco de lluvia mojaría todo y todo se quedaría húmedo, hasta el día siguiente, cuando volvía a salir el sol. Los grandes árboles y su sombra ayudaban a retener la humedad. Después de se cortaron los grandes árboles, la tierra se secó y el arroyo dejó de correr.
LOT: ¿Qué edad tenías cuando llegó la gente de Infiernillo?
Ángel: No lo recuerdo exactamente, pero ya era mayor, tenía como 13 o 14 años. Recuerdo que a los 17 años fui a buscar trabajo en Ixtapa y encontré trabajo en una empresa allí. Para entonces, los invasores ya estaban aquí.
LOT: Los invasores. ¿La gente de Infiernillo? Ellos refieren a las personas que estaban aquí como los españoles. ¿Por qué es eso?
Ángel: Bueno, sobre todo por mi papá. En Lagunillas llamaban a mi papá “El Español”. No muchos le decían por su apellido. Y así, cuando murió mi papá, empezaron a llamarnos “Los Españoles” por mis hermanos y yo. Ahora, todo dicen “Los españoles”. Pero eso venía de Lagunillas.
LOT: ¿Tu papá trabajaba para el doctor?
Ángel: No. Trabajó para el español que compró al médico. Mi papá trabajaba para él, pero a ese español también lo sacaron. Ese español tenía terreno en la playa, pero con la invasion, cuando el gobernador y un presidente de la República entregaron los terrenos aquí a la gente de Infiernillo, se llevaron todo. Se llevaron la casa del español e incluso querían quitarnos la nuestra. Tuvimos que vender la casa de la playa que teníamos en ese momento porque nos cobraron 60.000 pesos y no los teníamos. Vendimos la propiedad para pagarles. Nos fue bien cuando vendimos la casa. La casa costaba más de lo que nos pedían, y solo les dimos una parte. Conservamos la otra parte. Mi papá ya no estaba. Ya no estaba vivo.

LOT: Los invasores. La invasión.
Ángel: Sí, porque llegaron de repente. Y no era cierto que esta zona estuviera abandonada. Eso fue una mentira contada al Presidente de la República y al gobernador de Guerrero. Ellos dijeron que esto estaba abandonado. Había gente aquí. Y, al final, los invasores no trabajaron la tierra como dijeron que harían. Cuando llegaron, se dedicaron a sembrar maíz, ajonjolí y muchas otras cosas, pero más tarde empezaron a vender lotes. No trabajaban la tierra—la vendían y metían el dinero en la bolsa. Llegaron durante la noche. Simplemente aparecieron. Llegaron donde estaba el restaurante Las Brisas [ahora Las Rocas] y pusieron una bandera mexicana. Alguien lo retiró y llegó la policía. La siguiente vez que los invasores regresaron, trajeron a sus mujeres y niños. Sabían que el gobierno no los expulsaría. Ningún gobierno quiere quitarle padres delante de sus hijos..
Los invasores contaban con el apoyo del gobernador de Guerrero y del presidente de la República Mexicana. Así fue como les dieron los terrenos, y luego empezaron a distribuirlas. Peleé contra el ejido por el terreno donde celebran la feria. Eso era de mi papá. Había muchos árboles de tamarindo allí. Se lo quitaron a mi papá para ser el lote de la escuela primaria y recuerdo que los maestros llevaban a los niños a cosechar y venderlos. Ahora, no cosechan nada. El tamarindo simplemente cae. Se cae solo. Hubo un tiempo en que la gente peleó por los tamarindos—ese es mi árbol. ¿Y ahora? Nadie presta atención a los tamarindos y ya no crecen igual.
LOT: ¿Cómo era la relación entre la gente que ya estaba aquí y los que llegaron?
Ángel: Cuando llegaron, había problemas. Tenían gente de guardia, y había un hombre que había vivido aquí un tiempo conocido como El Comandante. Un día, El Commandante y uno de los guardias se encontraron. Los dos estaban un poco tomados y los dos traían pistola y empezaron a tirarse. Ninguno quería ceder ante el otro. El Commandante fue asesinado, aquí mismo, en el pueblo.
LOT: ¿Y después de eso, ya no hubo más problemas?
Ángel: Pues, no más, porque prácticamente no vas a luchar contra el presidente de la República y contra el gobernador del Estado de Guerrero. Contaban con mucho apoyo. ¿Me entiendes? Contaban con el apoyo de las más altas autoridades que existían en ese momento. Ellos eran los que mandaban. Decían que esto se haría así, y nada más.
LOT: ¿Por qué se quedó aquí?
Ángel: Porque tenía trabajo. Fuí a Ixtapa por trabajo. Llegaba un camión que nos llevaba a Ixtapa y nos traía de vuelta. Casi todo el pueblo iba a trabaja rallí en esa época. ¿Por qué? Porque, después de tres o cuatro años, la gente ya no plantaba tanto y no podía vivir solo del mar, porque cuando el mar está enojado, no puedes pescar nada. Algunas personas trabajaban en Ixtapa unas temporadas, pero yo seguía y seguía y seguí. Hasta que empecé a trabajar en Lázaro Cárdenas.
LOT: ¿A qué te dedicabas?
Ángel: En Ixtapa, trabajé primero como ayudante de plomero y después como albañil. Pero no me gustó. En Lázaro, trabajé en una pizzeria, los preparaba.
LOT: ¿Y a qué te dedicas ahora?
Ángel: Lo hicimos [señalando una palapa arriba]. No solo, pero con otras personas. Hago ese tipo de trabajo, puedo ser ayudante para cualquier cosa.
LOT: ¿Trabajaste en Troncones cuando eras más joven?
Ángel: Vivimos en la playa un tiempo y no había nadie vendiendo refrescos, así que mi papa consiguió un refrigerador que llevaba gas y empezó a vender refrescos. Eso nos dio trabajos—para mí y para mis hermanos. Alguien diría: “Oye, dame cinco refrescos.” Eran en vases de vidrio, pero mi papá no cobraba depósito. Decía. “Déjalos en la playa. Enviaré a mis hijos por ellos más tarde.” Pero no era muy seguido, solo cuando mucha gente venía a la playa, como en la Semana Santa. Fue entonces cuando vendió más refrescos, porque no había donde tomarse un refresco frío. La tienda se llamaba Trópico de Cáncer. Estaba cerca de donde ahora está la frutería, al otro lado de la calle, ahí en la playa.
LOT: ¿Qué significa Troncones para ti?
Ángel: He vivido prácticamente toda mi vida aquí. Para mí, es agradable cuando oigo que la gente habla bien de Tronconos, especialmente cuando estoy en otro lado. Eso ocurrió el otro día en Zihuatanejo. Escuché a algunas personas hablar de Troncones, hablando bien de Troncones. Simplemente estaba ahí y cescuché. No les dije que soy de Troncones. Simplemente me quedé callado. No me importó su conversación, pero escuché cosas buenas, nada malo, así que me quité. Hablaban bien de Toncones—de que bueno es la vida aquí. Así es. Cuando salgo, para la Ciudad de México o Guadalajara, quiero volver aquí. No sé qué me pasa, pero quiero regresar aquí. Estoy más feliz aquí.
LOT: ¿Qué es lo que más necesita Troncones?
Ángel: No hay parque en Troncones. Nunca ha habido un parque. No hay lugar donde los niños pueden jugar ni para que las familias se reunan. No hay plaza del pueblo. Iba a haber un parque, justo atrás de la iglesia. Una mujer estadounidense quiso hacer eso, pero murió y no sé qué pasó. Nunca se terminó. Sería bueno tener uno en La Parota, en el gran árbol de la avenida, junto a donde venden mariscos. Creo que algunos estadounidenses se han comprado ese lote. No querían que la tumben ese árbol. Es un buen árbol—muy, muy vieja, muy grande. La Parota sería un buen lugar para un parque.
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